Sunday, 29 November 2009



Inicié un par de líneas con un fuerte tono impersonal, sin embargo, me es inevitable agilizar los dedos en razón de lo mucho y lo poco que me sucedió este fin de semana. Acá estoy, frente a la pantalla tratando de no llenarme de motivos para no ser honesta.


Ese es el reto, la honestidad. ¿Cuándo somos honestos? ¿Cuándo dejamos de serlo? Y no hablo de la honestidad para con los demás, si lo estuviera pensando en esos términos me sería imposible no hacer referencia a burlescos eventos nacionales saturados por Vives, Arias, Lacoutures, Martínez, Reinas, Paramilitares, Sapos Gordos- Verrugosos y Bellacos, Soldados y Dictadores. En este instante me refiero a la honestidad que implica reconocerse oscuridades.


No me resulta fácil estar sola; la soledad se me impone y se supone debería acogerla, consentirla y convertirla en mi mejor aliada. Supongo que estoy en ese punto donde revistas femeninas dictan: “Estás en el momento perfecto para conocerte, reinventarte. Aprovecha tú tiempo libre para hacer las cosas que más te gustan”. Un rotundo y mayúsculo NO acompañado de pequeños “sin embargos” “peros” y “ lo buenos” me asalta.


Mujeres libre pensadoras, ¿Cómo se mueven por sus propias ciudades estando solas?

Es un acto de honestidad, pequeño pero esperanzador reconocer que la soledad no se me facilita, me cuesta y a veces incluso, me pesa.

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